Lo
siguiente que voy a decir lo hago con una sola intención y es bastante personal.
Para los que me conocen lo suficiente saben que no me gusta la carne roja.
Principalmente porque me da asco verla cruda, soy muy remilgosa con los
nervios, me pongo demasiado sensible al saber que es de una vaca muerta, y
muchas razones por las que no me gusta comerla.
No
puedo negar que las carnes rojas son ricas en proteínas, es una excelente
fuente de hierro, fósforo, zinc, y ofrece vitaminas del complejo B como ácido
fólico, B12, B1, B2 y B5.
Ahora
bien, resaltando el tema en su esencia el ser humano NO es carnívoro.
El ser humano no se
encuentra pensado como un ser carnívoro. Y eso se demuestra de una forma muy sencilla:
nuestros intestinos son largos en comparación con otros animales que sólo
contemplan la carne en su dieta, y esto hace que se produzca cierta descomposición que altera la flora intestinal. Además, las
grasas saturadas de la carne no las asimilamos bien dentro de la salud ya que
están relacionadas con problemas cardiovasculares, arterioesclerosis o el
colesterol; y su alto contenido en ácido úrico provoca cálculos. No todo
conocemos las condiciones en las que crían los ganados que comemos pero “vivir
enjaulado, con barro hasta el estomago, exprimiéndonos hasta la última gota de
leche que es para el beneficio de otros (Según creo que piensa la vaca)” es una
vida innegablemente anti-natural.
El sentido común debe dictarnos que la comida que nos nutra
debe estar bien nutrida también, pero, las practicas modernas de conservación
garantizan lo contrario de un alimento sano. El uso
desmesurado de antibióticos y conservativos durante la vida de un animal que
también recibe un cóctel químico con vacunas, analgésicos y hormonas del
crecimiento son aquellos que hacen que la carne se vea fresca, pero productos
nuevos creados a base de partes animales como la infame baba rosa; se encuentra
hasta en el 70% de la carne procesada y usa sustancias como amoniaco para
hacer que la carne se vea más atractiva.
Además, el efecto invernadero está muy relacionado con los
gases que emite el ganado. Actualmente existen
billones de animales de pastoreo que producen cantidades enormes de gases
contaminantes, entre ellos el metano y dos tercios del amoniaco del planeta
provienen de las vacas. Se cree que el calentamiento
global de la era jurásica fue acelerado por el gas metano producido por los dinosaurios.
Otro punto es que, nuestra dentadura no es la
ideal para comer carne debido a que no cuenta con filosos colmillos para este
efecto como los del león o el tiburón. Si no tenemos fenotipos de cazadores
entonces solo por gusto y un poco más de proteínas decidimos ser carroñeros.
Por último,
no es lo mismo carnes rojas procesadas que carnes rojas frescas. Un aspecto que
no se puede dejar a un lado es que muchos estudios hablan indistintamente
carnes rojas y de carnes procesadas como salchichas, hamburguesas y todos los
embutidos. Sin embargo, no es lo mismo carnes procesadas que tienen mucha mayor
concentración de sodio y aditivos que carnes rojas frescas. Si el producto no
es nacional, las probabilidades de que este sea fresco son muy bajas. Que dicen
que los conservantes es para evitar su contaminación? Estos mismos también son
colaboradores de proliferación de bacterias junto a los medios y entornos que
transporta la carne.
Voy a darle
un poco de crédito a los amantes del jugoso filete porque aunque a mí no me
gusta, a muchos les ha aportado elementos nutricionales como lo mencioné al
principio. Si pudiéramos criar ganado y tener nuestro propio matadero
evitaríamos este tedioso trabajo, pero (aparte de que va en contra de lo que
opino) está demás explicar el trabajo que llevaría realizar esa labor
(empezando porque hay cuidar una vaca), y aunque no lo crean el ser humano
tiene todas las condiciones de consumir carne cortada pero recientemente (y
moderadamente), si no, pregúntenle a Bear Grylls que ya se
hubiera muerto desde que comenzó la emisión de su programa “Man vs Wild” en el
2006.

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